
Maame vive en el barrio del Zongo, uno de los más pobres de la ciudad, de mayoría musulmana. Es la pequeña de sus hermanos, tiene 9 años y asiste a una escuela pública musulmana, aunque su hermana mayor va a una católica. Sus padres viven en Kumasi, pero decidieron mandarlas a ella y a su hermana a Sunyani, donde vive otra de sus hermanas (en total 16 hermanas y 5 hermanos), para que la ayudaran en la casa y fueran a la escuela. Así, cada tarde, al salir del colegio se cambia el uniforme escolar, se pone su máscara de adulta y sale a la calle a vender bolsitas de agua potable por el centro de la ciudad, en las inmediaciones de mi casa. Igual que su hermana y que muchas otras niñas. Muchos días pasa a verme. Se ha convertido en una de las constantes visitas que recibo. Raro es el día que no oigo gritar desde la puerta ‘madame Ana!!’ -así se llama a las profesoras por aquí y, como todo el mundo sabe que tengo algo que ver con una escuela, me ha tocado lo de ‘madam’-. Está un rato en mi casa y paradójicamente a veces me pide agua. Siempre antes de que anochezca, cuando cree haber vendido lo suficiente como para que su hermana mayor esté contenta y no haya reproches, aunque parece que a veces los hay de todas formas, se vuelve a su casa para estudiar un rato y hacer las tareas del día siguiente.